Pregunta que una vez retumbo en mi cabeza y todo mi ser.
Muy probable que a ti tambien alguna vez y quizas muchas veces te arrebataron de las manos tu valioso celular eso fue lo que me paso una noche Salía feliz del gimnasio energizada y satisfecha, me había divertido con la música que más me gustaba y después de mucho tiempo disfrutaba de este espacio; de repente en una esquina alguien me arrebato el celular que tenía en mano, lo vi pasar por mi lado, corriendo tan de prisa con un rayo. En aquel instante un torrente de emociones se preparaba para arremeter contra mí, pero algo detuvo aquello y fue un susurro que broto como manantial de mi interior, una frase que calmó mi ser: “te robaron tu celular, pero no tu paz interior”, lo sentí como un relámpago que me hizo despertar en un milésimo de segundo, estaba a punto de romperse mi armonía, pero se detuvo mis pensamientos y rabias, fue como una suave brisa que aliviaba mi inicial tristeza.
Camine tranquilamente, pensando en lo que significa para mí que no me roben mi paz interior, serena reflexionaba, calmando las ganas de vociferar y maldecir, me preguntaba ¿tiene sentido envenenar mi alma, desesperarme, angustiarme, asustarme con lo sucedido? Tuve la certeza que podía con esto y con una serenidad que me sorprendía me limite a contemplar el paso de los sentimientos y emociones que recorrían por mi alma todas ellas pretendiendo sutilmente desistir de mi elección.
Cuan astutos son los enemigos de la paz interior que se disfrazan de mil maneras, una de ellas fue el pensar que perdí mis contactos. Pánico tomo posesión del escenario, contemple la desesperación que dibujaba en su rostro y sus argumentos contundentes que decían perdiste a tus amigos, familia, enamorado, colegas y mil personas más cuyos números están grabados en aquel aparatito, me llevo a una isla solitaria como si un cataclismo hubiera acabo el universo… mi universo; pero paz interior vino a mi rescate susurrando: “si te aman y si eres importante para ellos te buscaran y te hallaran otra vez, quizás sea tiempo también para buscarlos y reconstruir la lejanía que la seguridad de tenerlo a un clic del celular adormecen y distancian”.
Pero no se dan por vencidos, en un establecimiento compre rauda un nuevo chip y presurosa me dirigí a casa para habilitar mi viejo celular que yace en un cajón olvidado por que no es de última generación, movida y ansiosa por recobrar la comunicación, volver al mundo de la rapidez e ilusa cercanía de los seres humanos, vanos fueron los intentos por que hasta la tecnología se da su tiempo y tendría que esperar 3 días para recobrar la línea y volver a este mundo; cansada de intentarlo, me di por vencida, derrotada y convencida que necesitaba darle paso a paz interior.
No pudieron con ello, así que acudieron a “cansancio”, estaba agotada por los vanos intentos y las ganas de tirarme a la cama para dormir, olvidar y abandonarme a mi tristeza me quisieron invadir, dejar mis espacios de oración, dejar mi habituales labores de preparación para la mañana siguiente, fueron la tentación de aquel instante; paz interior nuevamente susurro: “es ahora que más necesitas estar en sintonía con tu creador y seguir tu vida, no te alejes como otras veces de lo que te ayuda a ser mejor”.
Sacudida de aquel peso que quisieron reposar en mis hombros, me dispuse a acostarme después de preparar la oración del día siguiente y ya en cama, nuevamente arremetieron en su último intento para alejarme de mi serenidad elegida y construida con aquella experiencia; y vino al encuentro raudamente “COMODIDAD” y me recordó que para los fines de semana que corro por la mañana en el estadio, necesitaba de la música que escuchaba de mi celular y la gran ayuda que resultaba ser para poder superar mis retos deportivos, era como una anestesia que contenía el cansancio, distraían del agotamiento y no permitían que escuchara mi respiración agitada; una pena me dijo a hora no podrás correr las 5 vueltas que tenías programado vencer ahora, porque escucharas tus agitaciones y el cansancio te doblegarán en la segunda vuelta, será mejor que lo abandones y ya no sigas intentando ejercitar tu cuerpo por que no tienes tu celular con música. Un coraje emergió de mi interior decretando: “este es el mejor reto para ti, aprende a sintonizar con tus agitaciones, escucharlas y descubre que te dice y quiere de ti”.
Y como no era suficiente, “Victimismo” vino a bombardear con su más poderosa arma: culpar a Dios diciéndome con su sutil voz doliente: ¿Cómo era posible que yo estando en oración pudiera pasarme esto? ¿Cómo el permitía que me sucediera?, pero reflexionando me di cuenta que era una tentación ¿Qué culpa tenía él de que me roben en una esquina? Me causo gracia esto y lo disipé con la misma rapidez con la que llegó, luego en el momento de preparar la oración para mi meditación de la madrugada siguiente, me di cuenta de que no contaría con la linterna de aquella herramienta que me acompañaba para mi lectura diaria, ¿ahora qué haría? Pues nada menos que buscar otros medios para sustituir esta carencia, un drama se convirtió en una posibilidad para activar mi creatividad y buscar soluciones.
La penita de no verlo en mi velador o sentirlo en el bolsillo fue lo último que acudió a mí, pero en aquel instante mi hermana me dijo algo muy importante, ella sin saber lo que acontecía en mi mundo interior me dijo: ¡Se hizo un espacio para que recibas un Smartphone!, me dejo perpleja y la pena se esfumo, pensando en que tiene razón.
Me despido de ti celular, me ayudaste mucho, pero ya era tiempo de dejarte partir, aprendí con ello a dejar pasar y no vivir dependiente de cosas y dejó ese espacio para algo superior que apoye mi labor de ser mejor, eres solo una herramienta, no la razón de mi vida.
Mi paz interior se fortaleció y ahora convencida de que éste es un tiempo para recobrar los vínculos que se construye con presencias y cercanías, me dispongo a reconstruir mi agenda de amigos y familiares de quienes solo perdí sus números pero no su afecto.
No puedo concluir esta reflexión sin antes mencionar al hombre que me arrebato el celular, en un primer instante quise desearle todo lo malo para él, pero… te bendigo y una oración se eleva al cielo por ti, sé que robas cosas para llenar los vacíos y carencias que tienes en tu ser y que cuanto más lo hagas más vacío estarás, solo le pido a Dios que ese celular en tu poder mueva tu corazón y active esos valores que tapaste con todo la basura que pusiste en ella, yo tengo la certeza que después de esta noche ya no serás el mismo y que algo toco tu vida con mi celular, porque no te llevaste mi paz, pero yo si te regalo una oración para que nunca más hagas sufrir a nadie más.

